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Abrumador

Hace muchos años veía Ally Mcbeal, religiosamente cada jueves. Era, y soy, su fan. En algún capítulo, Georgia, la mujer que se casó con el Boy Next Door de Ally, le preguntó que por qué creía que sus problemas eran más grandes que los de los demás, y Ally simplemente contestó: “Porque son míos”.

“Porque son míos” me ha acompañado desde ese entonces; no hay nada peor ni más abrumador que sentir que el mundo se viene encima, que la hambruna en la Sierra Tarahumara y el resto del mundo es una tontería comparado con los problemas propios.

Eso me pasa con mi cáncer; esté o no esté, siempre está acechándome el miedo, el sentimiento ese que me abruma y no sé qué es. Ahí está, omnipotente y omnipresente.

No me he parado a pensar, a digerir, a sentir. Estuve hace un par de semanas en el Hospital de Cancerología, en el que por cierto, tengo que internarme de nuevo dentro de un par de meses. Simplemente entrar es deprimente. Las cosas ahí tienen que ser felices porque no hay de otra, porque de esquina en esquina uno se encuentra con el dolor y el sufrimiento de pacientes y familias deshechas por esa horrible enfermedad.

Y puedo hablar de la enfermedad no por mi, sino por mi abuelo y mi tía quienes murieron victimas de ella. Lo digo porque la odio y porque he visto como acabó con la vida de dos de las personas que más amé, amo y sigo extrañando todos los días.

Sin duda no estoy ni de lejos en la situación de las personas que he visto sufrir, tanto en mi familia como en el hospital, pero la probabilidad ahí está, esperando a que me de por vencida; creo, que si me pongo a pensar en mi enfermedad va a saltar de algún oscuro rincón del clóset a espantarme y devorarme como lo hizo con mi familia. Sin embargo, el “piloto automático” interno no deja de funcionar, y cada vez que las luces en mi empiezan a fallar, ese motorcito se enciende y no me deja caer. Dios sabe que estoy agradecida por él, pero a veces sólo quiero dejarme llevar por el sentimiento y llorar.

Creo que tengo miedo.

Cáncer

Hoy duele. Hoy la simple palabra evoca malos recuerdos y lágrimas. Y las lágrimas se escapan sin querer, el sentimiento se desploma sobre mi con tanta facilidad que dejarlo salir es la única opción.

No, la verdad es que no me puedo considerar “sobreviviente”, es más, ni siquiera me siento como tal. Sin embargo, siento que gané, siento que volví a nacer y que nada puede ni debe ser igual a lo que fue hasta hace apenas dos semanas.

Un día mi médico me dio un diagnóstico: “carcinoma papilar de tiroides” y el piso y todas las demás cosas en este mundo cambiaron de lugar; y aunque me juraron que era el tipo de cáncer “más noble” y “menos agresivo”, el miedo estuvo latente y acechándome cada uno de los subsecuentes días.

Nada y todo cambió. Afortunadamente tener trabajo y personas amadas cerca me hicieron no pensar mucho y el proceso no fue (tan) doloroso.

Hubo momentos de confusión, de ansiedad, de fe (los menos) y eso sí, muchos de fortaleza. Y a pesar de todo, hoy sí duele y pesa en el alma, no sé por qué, no tengo respuestas. Hoy la palabra “cáncer” despierta en mi sensaciones extrañas y nada agradables; sin querer se me hace un nudo en la garganta y por un instante, por un pequeño instante, me siento sobreviviente.

Perfecto desconocido

Él era amable; todas las mañanas saludaba a todos de buena manera, sonriendo. Nunca se le vio enojado, ni siquiera molesto. Nunca se le escuchó una grosería más allá de un “Ay, caramba”. Sí, cual Bart Simpson, ésa fue la frase por la que es recordado. Le encantaban los chiles toreados, de los que llevaba alrededor de 10 todas las mañanas al desayuno colectivo.

Su trabajo no era precisamente impecable; era torpe y distraido, pero siempre tuvo disposición para aprender. Era “luchón” y cada día intentó hacer las cosas un poco mejor.

Ayer se fue el Sr. Roberto, un chofer de la empresa para la que trabajo. Así, de pronto, el sábado hablé con él y ayer me llamaron para darme la mala noticia. Hoy, caras largas, suspiros, lágrimas. “Don Robert” se adelantó en el camino y dejó a muchas personas tristes.

El señor Roberto fue un perfecto desconocido; apreciado por todos, querido por varios. Fue esa persona que te deja buena impresión, que quieres que sea tu tío. Murió por su alcoholismo. No nos aclararon por completo la causa, algunos dicen que fue cirrosis, otros hablan de congestión alcohólica. Lo que sabemos de cierto es que el alcohol acabó con su vida. Que dejó una niña a punto de cumplir 15 años y que todos sus bonos mensuales los dedicaba al ahorro para esa fiesta.

Hoy sabemos que sus familiares estaban esperando lo inevitable, que todos estuvieron muy tranquilos durante el velorio. Que en su casa se sentía la resignación.

No intento hacer un discurso sobre lo malo que es el alcohol, sobre los daños que causa y las familias que destroza. Creo, sin temor a equivocarme, que quienes lean esto lo saben. No necesito enseñarle a nadie qué está bien y qué está mal.

Este post es un intento de homenaje a un hombre perfecto en carácter a la vista de todos, pero un jefe de familia/esposo/hermano/hijo desconocido para ésos mismos. Un hombre que hoy nos recordó de la manera más triste querer a los que tenemos cerca, y decirlo en voz alta; que nos recordó lo importante que es el simple hecho de vivir, de sentir latir nuestro corazón; de apreciar lo que tenemos porque no sabemos en qué momento lo vamos a perder. Independientemente de las circunstancias que hayan rodeado su deceso, hoy perdimos a un buen hombre.

Que En Paz Descanse, Don Robert.

Complejo de compleja

Las mujeres somos un enorme costal (cada una) de inseguridades y vanidades. Todo revuelto en una hermosa contradicción que vuelve locos (de amor) a los hombres (sí, no lo nieguen).

El problema no es que seamos “complejas”, es que nosotras queremos ser así. Queremos complicarnos la vida a tal punto que aparentamos ser algo que probablemente no queremos.Nos gusta ser necias (que no tercas) y nos va mal.

Les compruebo rápidamente mi teoría:

  • A los cuarenta, las señoras quieren verse de veintitantos y las de veintitantos quieren parecer… bueh, ¿necesito más explicación?
  • Queremos comer miles calorías al día pero subir 100 gramos cada lustro. O sea, ¿cómo?
  • Nos obligamos a creer en las inyecciones “mágicas” harán que nuestro cuerpo nunca de los nuncases vuelva a albergar los carbohidratos que te atascaste en esas 3 visitas a la maquinita de los chuchulucos en el día.
  • Después de todo eso (y al menos 5 o 6 kilos de rebote), intentamos con todas nuestras fuerzas y rezándole a todos los santos posibles, que esos pantalones talla 34 nos sigan quedando. Y si no, pues culpamos a la maldita y diabólica mercadotecnia por reducir cada vez más las tallas. Ok, eso sí es un poco verdad, pero también es cierto que le empacamos sabroso en la semana.
  • Queremos ser manada. Imitar, recrear y exagerar lo que vemos de las demás. No importa que esas botas de 11 cm de tacón y 3 de plataforma deformen los dedos hasta quedar como esas salchichas que vienen en lata. No importa que esa faja te haga pasar los 10 minutos más dolorosos de tu vida mientras intentas poner todas las carnes en su lugar cuando vas al baño, ni que ese tinte color rojo “Hayley Williams” te saque ámpulas de las quemaduras en el cuero cabelludo. ¡Bah! ¡Yo quiero ser como las demás, déjenme ser!

Hayley Williams: Ese rojo vale el sacrificio.

 

Les aviso (de todos modos lo saben), no hay nada como lo natural. Nada como vestirte como se te pegue la gana sin importarte que a aquella se le vean las nalgas súper antojables en ese pantalón que levanta la pompa. No hay cosa más sabrosa que unos zapatitos coquetos y bajitos.  Miren, por experiencia como testigo, los tacones de 15 cm solo provocan caidas estrepitosas y bastante vergonzosas desde la mitad de la escalera de la empresa.

Y explíquenme, ¿qué ganan pareciéndose a las demás? Metiendo las lonjas en un pantalón talla 36 como cuando metemos las sábanas de cajón si saben que ya pasan de la talla 40. Ja, no me digan que mágicamente pasan de 40 a 34 sólo con meter los pies en esa ropa de Barbie.

¿Como para qué quieren pupilentes verdes si sus raices totonacas (no offense) son totalmente evidentes (además del pain in the ass que son esas cosas del demonio)? Me acordé de @Jalex23, ¡hey! Saluditos. :D

Podría continuar con una vasta lista sobre lo “complicadas” que somos, pero nada cambiaría el hecho de que dicha “complejidad” (necedad, le digo yo) es inherente a las mujeres salvo honrosas excepciones y aun así, los hombres nos seguirán amando.

Moraleja: No crean nada del comercial de Liverpool y Javier Bardem. Sólo tomen en cuenta lo apetecible que se ve.

De este día

No soy fanática del llamado Día Internacional de la Mujer, por muchas y variadas razones, pero especialmente porque saltan de la nada las mal llamadas “feministas” que en realidad distan mucho de serlo. Además, se ponen muy cursilones, no lo pueden negar; y aunque la cursilería es lo mío, solo me parece soportable y aplicable para Hello Kitty, los Lolcats y dos o tres cosillas más de tipo. Así que, recordando aquellos viejos tiempos, mi enojo de siempre y que sigo pensando igual, les dejo un texto íntegro que escribí hace un par de años sobre mi opinión acerca de tan “festejado” día.

Me gusta escuchar podcasts, soy fanática de los podcasts desde que los descubrí y no me canso de todos los días abrir mi Itunes para descargarlos y por supuesto no me canso de escucharlos, de hecho bajo los atrasados para saber el porque de ciertas cosas que no entendía.

Hoy bajé el podcast de Fernanda Tapia, de Dixo. Adoro el particular sentido del humor de Fernanda y la forma en que me hace imaginar todo lo que está contando. Me encontré hoy -como casi siempre- un podcast dedicado a una obra de teatro, “Enhumoradas” creo.

Total que son una bola de viejas… oops, perdón, mujeres, se me olvida que quieren ser tratadas con respeto e igualdad, hablaban de una obra de teatro que representan y satirizan a la mujer, la ridiculizan “en buena onda” para explicar cómo somos y cómo actuamos. Y como SIEMPRE, sale a relucir el tema del feminismo: que si las mujeres liberadas, que cómo casarse, que cómo atarse a un hombre y etc, etc, etc…

Yo SOY mujer, pero esas ondas del feminismo se me hacen mam$%&”, y me refiero al radical, a las mujeres que se niegan hasta hacerles un favor a sus hermanos. Originalmente el feminismo promueve y pide, básicamente, la igualdad de la mujer: en salarios, en política, en religión e ideales. Esta idea original era justo lo que necesitaban ellas en esa época, porque si bien a veces el feminismo es una sangronada, igual es necesario para la evolución y el bienestar de la sociedad.

En ciertas condiciones, principalmente religiosas, educativas y laborales, la mujer no ha logrado la igualdad que busca, y los hombres tienen razón, una mujer ocupando el poder es peligrosa, pero no me malentiendan, los hombres con sus -de por si- enormes egos inflados, no pueden soportar que una mujer tome el control de la situación, ¿Qué hacen ellos?, ¿Dónde queda su rol de proovedor, de protector? No es algo que puedan soportar.

Pero a veces las mujeres tenemos lo que merecemos y con muuuucha razón. Escuchen los podcast y se darán cuenta, bueno, las que se sientan muy feministas mejor evítense este post.

¿Qué afán de las mujeres de no terminar como su mamá, de no ser ama de casa, de no tener una bonita relación fija, de no tener hijos? Casi dicen “guácala”. En ese podcast, el de Fernanda Tapia, ahí por el minuto 3:44 o 45 les pregunta Fernanda a estas actrices si el sueño de la mujer sigue siendo el mismo de hace 3 siglos, o sea, terminar con hijos, marido y casa, y una de ellas contesta “sí, LAMENTABLEMENTE“…¿¿¿¡¡¡¡¡¡¡¡¡lamentablemente por qué!!!!!!!!???, ¿Qué tiene de malo? Se quejan del machismo, el machismo creado por las mismas madres de los machos, obviamente. Y ellas hacen lo mismo, fomentan un feminismo absurdo y como consecuencia los hombres le tienen miedo a estas mujeres y como consuecuencia las mujeres toman ese falso feminismo para desahogar su despecho.

Hablaban también de una niñita -familiar de una de ellas- que quería ver a un niño -supongo- cuando acompañara a la actriz a una función, cuando el niño en cuestión no apareció, la niña expresó triste que no llegó el susodicho y todas la unísono “noooo, ¿cómo crees??, válgame Dios, ¿cómo es posible?” Y más que darme la impresión de que se espantaron por lo pequeño de la niña (5 años) se espantaron por el simple hecho de que le gustaba un hombre. ¿De qué se quejan? Lo traemos en los genes, lo quieran o noy NO está mal. Ya nos queremos parecer a esos homosexuales que pretenden -después de ser cristianizados- parecer heterosexuales, sin mucho éxito por supuesto.

LLamaban también en otro momento a los hombres “un mal necesario” Yo me pregunto, ¿lo son? “No me gusta pero que me mantenga, o que me coja, o que me lleve a donde YO quiero”. Nos quejamos de ser tratadas como objetos cuando ahora los objetos son ellos (pero no se emocionen tanto hombres), ¿es venganza o simplemente nos, o más bien se están (no me incluyo, gracias) convirtiendo en eso que más odian?

Ahora, antes de ser criticada de machista o cosas así, aclaro que no lo soy, creo en la igualdad; creo en que las mujeres deben ser tratadas como los hombres (que deben tender la cama, barrer y lavar trastes igual), que debemos tener mejor salarios, acceder a la misma educación, que no debemos ser mutiladas sexualmente sólo por considerarnos inferiores, pero tampoco tiene nada de malo querer tener hijos, casa y marido,y junto con eso se puede tener independencia, igualdad, libertad (de culto, de ideas, ecnonómica, etc.) y ser igual de mujeres; de hecho, creo que una mujer de ese tipo es más mujer porque atiende hijos, trabaja, gana dinero, tiene marido y hace quehacer.

Claro que todas estas teorías aplican si la mujer quiere tener hijos o marido, a veces porque dicen que no quieren traer chamacos al mundo para que sufran, o nada más para que los cuiden cuando estén viejos, ¿¿¿no será que nada más tratan de ocultar su debilidad, de no ser “del montón”???, si ya abrazaron una causa cómo la van a dejar por unos ojos, unas manos, una sonrisa bonita, alguien que las comprenda realmente, las quiera y se preocupe por ellas,“¿¿Cómo si soy feminista de hueso colorado?? Ni modo que me eche para atrás”, parece que eso piensan. Es como las que no les gusta el rosa porque es de niña, bullshit!!! no les gusta para no sentirse iguales a las demás, para no ser la cursi, para diferenciarse y ser más. Adoró el rosa y morado en todas sus tonalidades, pero no soy delicadda ni me hago la frágil a la hora de los quehaceres rudos, nunca fui de muñecas ni peluches, para mi eran radios, cassettes, libros, revistas y soy bien cursi.

Pero total, que al final todas caen, y lo he visto y lo he comprobado, esas, las más duras siempre terminan más embobadas, cegadas y enamoradas que otras y comenten más errores. Tengan hijos, pero no comentan la tonteria de tenerlos tan jóvenes (a menos que lo deseen), tengan relaciones estables, son más bonitas y aprenden más, cásense, trabajen, mantengan una casa y se van a sentir más mujeres, van a estar más completas.

Ay yo… me puse muy temperamental pero me hicieron enchilar hoy, y para que vean que nada se pelea vean la foto:

¿¿Ven como el feminismo no está peleado con los hijos??
(marcha de sufragistas en Nueva York en 1912)

 

Y eso escribí y volvería a escribir de ser necesario. No me tienen, ¿eh?

Malas Costumbres

Las malas costumbres nos vienen de nacimiento, supongo yo. Comida, bebida, mota, cierto tipo de música, algunas personas, todo hecho un revoltijo porque nos hacemos a la mala costumbre de que todo se nos haga costumbre. ¿Me enredé?

Desafortunadamente, para los que somos “sanos” (comillas porque a veces fumamos o bebemos) y no le entramos a la mota, la piedra y todas esas cosas, las peores malas costumbres son las personas que ya no están en nuestra vida, vivas o muertas.

Ancianos que se aferran a sus cónyuges fallecidos, madres extrañando a los hijos que se han ido de casa y peor, un medio corazón que añora la compañía de su otro medio corazón. Es una mala costumbre necesitar, extrañar, depender, aferrarse.

Mala costumbre, acostumbrarse; mala costumbre, estar; mala costumbre, esperar. Mala costumbre saber y dar por sentado que siempre se sabrá.

El día más odiado

Cuando escribo esto, faltan terribles 59 minutos para el día más temido de los que autoproclaman *Forever Alone*, el 14 de febrero, comience: ese día que no se le puede dejar a medias en el corazón de las personas: lo aman o lo odian.

Igual que la absurda pelea entre “poperos” y “rockeros”, el amor u odio por el 14 de febrero me parece simplemente bobo. No sé si las personas que lo odian, se deprimen y se autocompadecen de su triste y miserable vida cada vez que llega el terrible día, se habrán dado cuenta que es un día más; que la miel, los corazones, los osos de peluche, los globos, las tarjetas y toda la parafernalia que lo rodea es un [sarcasmo: on] maquiavélico y mañoso plan [sarcasmo: off] de las malignas corporaciones para atrapar a enamorados inocentes y auténticamente deseosos de hacer feliz a su pareja. Pero bueh, digamos que es un poco verdad ese asunto, la mercadotecnia alrededor del día es impresionante y más envolvente que el mismo festejo.

Yo creo, en mi muy personal y absurdo punto de vista, que el 14 de febrero es un día para que todos aquellos a los que les ha ido mal en el amor se tiren al piso y que alguien más venga, les de unas palmaditas en la espalda y les diga: “There, there” como Sheldon Cooper y se sientan en un episodio de TBBT.

La vida es más que amor de pareja, pero nos esforzamos porque ESE sea el único y exclusivo amor que nos debe importar, que debemos celebrar. Digo, ya para seguir en el plan, chequen:  ”El Dia Del Amor y La AMISTAD“, ¿se fijaron que le puse mayúsculas a “AMISTAD“?

¡Claro! ¡No sean zoquetes! Si no tienen pareja, celebren a sus amigos, déjense celebrar por sus amigos porque ellos son los que los soportan cuando están de insufribles compadeciéndose por no tener novio/novia. Amen a ese único mejor amigo/amiga que tienen porque nadie, absolutamente NADIE los soporta cuando la lástima se apodera de ustedes en ese horrendo día de catorcena y se quedan sin los demás “amigos”, lo pongo entre comillas porque obviamente si ellos huyen cuando se ponen emos, es porque definitivamente NO son sus amigos. ¿Captan o todavía no?

Acuérdense que tienen familia, y que algunos de sus miembros a veces actúan como amigos, como confidentes. ¿Que  no recuerdan el “A la prima se le arrima”? Miren, para que a la prima “se le arrime” tuvieron que ser amigos, ¿no? ¡¡Pues vayan y celebren a la prima!! Chance y les toca “arrimón” de nuevo. Si está casada no vale.

El 14 de febrero es un día de 365 que tienen para sufrir y revolcarse en el fango de su soledad, así que, ¿qué les hace pensar que el proclamado día “del amor y la amistad” tiene que ser un día especial? BULLSHIT!

¿Qué les hace pensar que son diferentes por sentirse mal amados y traicionados ese día? No los son, ¿eh? TODOS somos mal amados y traicionados por amores y amigos todos los días. TODOS tenemos amores mal correspondidos, platónicos y traicioneros. A TODOS nos ha ido mal. SIEMPRE.

Por supuesto que hablamos de los que nos toca, de lo que vivimos. No soy nadie para hablar de amor; de hecho, cof, cof… me leen, cof, cof… Así que este no es el lugar más adecuado para expresar mis opiniones pero, he sido abandonada, mal correspondida, traicionada y sé en en algún momento de mi futuro seré abandonada nuevamente, que partirán mi corazón en mil pedazos y sentiré como cada una de mis extremidades es arrancada hasta creer que el dolor es lo único existente en mi vida. Sé que me traicionarán muchas veces, y no hablo de amores. Sé que estaré sola muchos 14 de febreros, pero no me atormenta, no me tira al piso el dolor, no me mata.

La vida está hecha de los miles de momentos, anécdotas, situaciones y recuerdos que van más allá de simplemente celebrar un día al año. La vida, dice John Lennon, es lo que te pasa mientras estás ocupado haciendo otros planes, y sí estás demasiado ocupado en sentirte miserable y solo un día del año, debo decirte hay algo mal en tus prioridades.

 

 

 

 

Para llevar las cosas en paz

La hipocrecía es de esas cosas que te hace perder fe en las personas, que te hace dar la espalda a la humanidad. Eso sí, en buena medida también es un lubricante social bastante aceptado y utilizado por la mayoría.

Claro que es un lubricante social, ¿a poco no lo han usado en el típico “para llevar las cosas en paz”? La usamos por nuestra familia, por los amigos, por las buenas relaciones de trabajo y para obtener algo a cambio. ¿Quién no ha “llevado las cosas en paz” con el de RH/Sistemas/Almacén/Ventas para tener menos fricciones y sacar algo de provecho? Ni hablo de dinero, simplemente se busca una entrega más rápida, una buena cara, un futuro aumento o por lo menos la dichosa paz.

¿Les cuento una historia? Mia, obviamente, ¿ya leyeron el subtítulo de mi blog? Ok, pues érase que se era la mujer que ahora escribe procrastinando en su Facebook. Un buen día apareció la solicitud de Amistad de una buena amiga de la Universidad. La acepté gustosa por los recuerdos de aquellos viejos tiempos. Unas semanas después apareció la solicitud de amistad uno de mis mejores amigos de aquellos años que nunca pensé volver a ver y lo acepté. Con él he platicado y sigue siendo ese viejo, bonachón y loco amigo que siempre recordé gratamente.

Un par de meses después (hace una semana, más o menos) me envía solicitud el que fuera mi grandísimo amor en aquellos años, de más está decir que el amor era de un solo lado y que nunca fue correspondido. Larga y tonta historia que un día escribiré para desahogo y tranquilidad mia, pero ahora no es harina de este costal; así que sopesé mis riesgos, pros y contras y casi saco una fórmula matemática para determinar si era adecuado o no aceptarlo en mi muro.

Click y a “Mis amigos”. Stalkeo su perfil y ¡oh, sorpresa! Ya se casó… meh… no, no es cierto, una pequeña punzada de dolor se clavó en mi pobre y retorcido corazón. No es que siga perdidamente enamorada de él, pero hay heridas que no terminan de cerrarse, que no sanan por completo y ésta es una de ellas. No me trató nunca bien, nunca como lo merecí y creo que ni cuando fuimos amigos supo valorarme. Esa es la verdad. Verdad que me cae como epifanía divina la noche anterior a la que escribo esto, diez años después de ocurridos los hechos. Ya sé que estoy bien burra pero no me hagan sufrir más.

Resulta que el esperpento (eso parece) en cuestión acepta la amistad porque está buscando “ex UTN” o sea, amigos de la Universidad.  ”Ok”, pensé, “no tiene nada de malo saber qué ha pasado en la vida de este güey”. A la semana me mandan otra solicitud, ahora por parte de otra compañera de clase, amiga del esperpento (hey, así lo llamaré de ahora en adeltante y ni repliquen). Otra vez “click” y directo al muro.

Poco a poco empecé a rantear en mi Twitter y a darme cuenta que no era precisamente lo mejor tener a las últimas dos personas de más en mi muro, hasta me dijeron que podía restringir el acceso a mi información y sólo verían lo que yo les permitiera. Lo hice, configuré mi privacidad y llegó un poco de la tan mencionada paz.

Y en mi tan acostumbrada manera de usar Twitter de psicólogo, llegué a la dichosa conclusión de que no los quiero ahí: uno me trató mal, la otra (su amiga) sólo quiere chisme. ¿Cómo llego a mis increíblemente acertadas conclusiones? Me acorde de aquellos años, de que siempre para ella y sus amigas fui la rara, de que no me querían porque les “quitaba” al esperpento y él me prefería a mi; concluí las cosas simplemente porque son personas a las que NUNCA les importé un pepino y no veo porque ahora las cosas sean distintas.

Cada uno tiene su vida, cada uno seguimos caminos muy diferentes y siendo sincera no veo cómo puedan cruzarse de nuevo, empezando porque YO no quiero cruzarme en el camino de ellos, así estoy bien. Después de 10 años, le he dado a mi vida cierto rumbo y felicidad que se ha construido gracias a dejar muchas cosas en mi baul mental. ¿Para qué regresar a ellas? ¿Para qué revivir cosas que no fueron agradables? ¿Para qué volver a abrir heridas mal sanadas, recuerdos crueles?

“Llevar las cosas en paz” tomó un significado distinto ayer en la noche, y no es aceptar a esperpentos a diestra y siniestra en nombre de los recuerdos, en honor a los amigos de verdad (que tienen que respetar las decisiones de no querer ver a ciertas personas). Llevar las cosas en paz es eso, literal. Es darnos la tranquilidad necesaria de mente y cuerpo con las decisiones que tomamos, ser un poco -o mucho- valemadre en lo cuanto a lo que pensará la gente de nosotros (gracias de nuevo, ¿eh, Jalex?) y sobretodo, pero sobretodo, vivir sin colitis. Amén.

Heme aquí

Creo que a veces no medimos las consecuencias de nuestros actos, sea para bien o sea para mal. A mi me ha tocado no medirlas en mi trabajo.

Cuando acepté ir a esa entrevista, después de regresar de mi segundo viaje por la hermosa tierra costeña de Ensenada, B.C., nunca imaginé en lo que me iba a meter al responder a la pregunta de mi ahora jefe (en ese entonces güero desabrido) de: “¿sabes qué es GPS?”, “Pfffff, claro que lo sé, ¿por quén me toma?” Sí, contesté la pregunta con propiedad, cierta torpeza por los nervios y un poco de conocimiento. Quién diría que después de tres años sigo en el mismo lugar, amando lo que hago cada día, por muy disperso o poco que parezca mi trabajo.

Estoy en el área de almacén: diariamente me las tengo que arreglar con vendedores, con choferes, con clientes y hasta con mi jefa inmediata, mi tía también, lo cual complica un poco mi labor. Esa era mi función inicial, contestar teléfonos, resolver problemillas pequeños (siempre dependo de mi jefa para las decisiones) y el posicionamiento de toda la flotilla de la empresa con equipos de localización satelital (el dichoso GPS). Al mes hacía (y sigo haciendo) los reportes de todos los choferes (tiempos, pedidos, rechazos…), se los entrego y le hago un resumen a mi jefe. Tan tan, fin de la historia.

Ahora, a tres grandiosos años (el 14 de febrero) de distancia, las cosas han cambiado bastante y además de lidiar todos los días con los problemas comunes de almacén (recuerden: El cliente NO siempre tiene la razón), trabajo (dizque) con el asesor de marketing en un poquito (una milésima parte) de las campañas de comunicación interna, corrijo cierta información de productos y comunicación, ayudo haciendo las descripciones de los productos para el catálogo en línea y físico, recaudo todos los datos para el concurso mensual de los choferes (31 hasta ahora) y para terminar, me aventé a ser una especie de coordinadora/secretaria en un Proyecto de Logística que está a punto de empezar. Solamente daré seguimiento a la información, a que las personas entreguen a tiempo lo que se les pide y hacer minutas de las juntas.

No, al final no parece ser demasiado, trato de repartir mi tiempo en todas las actividades, ser más disciplinada, ordenada y discreta de lo que normalmente soy… ok, eso de la discreción no se me da siempre, pero miren que lo intento. A veces en las noches el cansancio es tanto, que termino dormida frente a la compu y despierto a las 3 am para meterme a las cobijas. No camino mucho, a veces ni siquiera me muevo de mi lugar, sin embargo, el cansancio mental me mata a pesar de tomar mi Pharmaton. Al final todo repercute en mi querido blog al cual he abandonado de la manera más horrible debido a un espantoso vacío de información diversa a la que no he accedido por estar demasiado concentrada en lo que hago.

Sé que tengo que encontrar un punto de equilibrio, un ojo de huracán que me permita sentir un poco de tranquilidad y me de tiempo de venir y escribir dos o tres cosas que rondan mi cabeza antes de la siguiente “tormenta”.

Lo único que puedo decir es que me siento bien, útil y dispuesta a aprender. Wish me luck.

Sanación

He visto montones de películas cursis. Demasiadas. Pero creo que nada me preparó para vivir mi propia película romántica.

La mia me recuerda a ésas donde los protagonistas no pueden estar juntos (por la razón que quieran, denle rienda suelta a su imaginación), por ejemplo “The Bodyguard”, dramón noventero con Whitney Houston y Kevin Costner en el que el café con leche no se termina de hacer. Pues así me ha tocado vivir mi drama del siglo XXI.

Viví los momentos más hermosos de mi vida. Bien dicen que el primer amor nunca se olvida. Y no, eso de ninguna manera ocurre. No quiero olvidar. Más bien me gusta pensar en lo que en lo que aprendí y en lo que me voy a quedar de eso. Quiero pensar en el reencuentro. Quiero creer que es posible y que las cosas no se acaban.

Sigo viviendo mi vida, sigo sin arrepentirme de lo que me sucede o pase en el futuro. Ya sabes, uno nunca está seguro de donde acabará, tal vez nuestros caminos se vuelvan a cruzar.

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