Las mujeres somos un enorme costal (cada una) de inseguridades y vanidades. Todo revuelto en una hermosa contradicción que vuelve locos (de amor) a los hombres (sí, no lo nieguen).
El problema no es que seamos “complejas”, es que nosotras queremos ser así. Queremos complicarnos la vida a tal punto que aparentamos ser algo que probablemente no queremos.Nos gusta ser necias (que no tercas) y nos va mal.
Les compruebo rápidamente mi teoría:
- A los cuarenta, las señoras quieren verse de veintitantos y las de veintitantos quieren parecer… bueh, ¿necesito más explicación?
- Queremos comer miles calorías al día pero subir 100 gramos cada lustro. O sea, ¿cómo?
- Nos obligamos a creer en las inyecciones “mágicas” harán que nuestro cuerpo nunca de los nuncases vuelva a albergar los carbohidratos que te atascaste en esas 3 visitas a la maquinita de los chuchulucos en el día.
- Después de todo eso (y al menos 5 o 6 kilos de rebote), intentamos con todas nuestras fuerzas y rezándole a todos los santos posibles, que esos pantalones talla 34 nos sigan quedando. Y si no, pues culpamos a la maldita y diabólica mercadotecnia por reducir cada vez más las tallas. Ok, eso sí es un poco verdad, pero también es cierto que le empacamos sabroso en la semana.
- Queremos ser manada. Imitar, recrear y exagerar lo que vemos de las demás. No importa que esas botas de 11 cm de tacón y 3 de plataforma deformen los dedos hasta quedar como esas salchichas que vienen en lata. No importa que esa faja te haga pasar los 10 minutos más dolorosos de tu vida mientras intentas poner todas las carnes en su lugar cuando vas al baño, ni que ese tinte color rojo “Hayley Williams” te saque ámpulas de las quemaduras en el cuero cabelludo. ¡Bah! ¡Yo quiero ser como las demás, déjenme ser!

Hayley Williams: Ese rojo vale el sacrificio.
Les aviso (de todos modos lo saben), no hay nada como lo natural. Nada como vestirte como se te pegue la gana sin importarte que a aquella se le vean las nalgas súper antojables en ese pantalón que levanta la pompa. No hay cosa más sabrosa que unos zapatitos coquetos y bajitos. Miren, por experiencia como testigo, los tacones de 15 cm solo provocan caidas estrepitosas y bastante vergonzosas desde la mitad de la escalera de la empresa.
Y explíquenme, ¿qué ganan pareciéndose a las demás? Metiendo las lonjas en un pantalón talla 36 como cuando metemos las sábanas de cajón si saben que ya pasan de la talla 40. Ja, no me digan que mágicamente pasan de 40 a 34 sólo con meter los pies en esa ropa de Barbie.
¿Como para qué quieren pupilentes verdes si sus raices totonacas (no offense) son totalmente evidentes (además del pain in the ass que son esas cosas del demonio)? Me acordé de @Jalex23, ¡hey! Saluditos.
Podría continuar con una vasta lista sobre lo “complicadas” que somos, pero nada cambiaría el hecho de que dicha “complejidad” (necedad, le digo yo) es inherente a las mujeres salvo honrosas excepciones y aun así, los hombres nos seguirán amando.