Él era amable; todas las mañanas saludaba a todos de buena manera, sonriendo. Nunca se le vio enojado, ni siquiera molesto. Nunca se le escuchó una grosería más allá de un “Ay, caramba”. Sí, cual Bart Simpson, ésa fue la frase por la que es recordado. Le encantaban los chiles toreados, de los que llevaba alrededor de 10 todas las mañanas al desayuno colectivo.
Su trabajo no era precisamente impecable; era torpe y distraido, pero siempre tuvo disposición para aprender. Era “luchón” y cada día intentó hacer las cosas un poco mejor.
Ayer se fue el Sr. Roberto, un chofer de la empresa para la que trabajo. Así, de pronto, el sábado hablé con él y ayer me llamaron para darme la mala noticia. Hoy, caras largas, suspiros, lágrimas. “Don Robert” se adelantó en el camino y dejó a muchas personas tristes.
El señor Roberto fue un perfecto desconocido; apreciado por todos, querido por varios. Fue esa persona que te deja buena impresión, que quieres que sea tu tío. Murió por su alcoholismo. No nos aclararon por completo la causa, algunos dicen que fue cirrosis, otros hablan de congestión alcohólica. Lo que sabemos de cierto es que el alcohol acabó con su vida. Que dejó una niña a punto de cumplir 15 años y que todos sus bonos mensuales los dedicaba al ahorro para esa fiesta.
Hoy sabemos que sus familiares estaban esperando lo inevitable, que todos estuvieron muy tranquilos durante el velorio. Que en su casa se sentía la resignación.
No intento hacer un discurso sobre lo malo que es el alcohol, sobre los daños que causa y las familias que destroza. Creo, sin temor a equivocarme, que quienes lean esto lo saben. No necesito enseñarle a nadie qué está bien y qué está mal.
Este post es un intento de homenaje a un hombre perfecto en carácter a la vista de todos, pero un jefe de familia/esposo/hermano/hijo desconocido para ésos mismos. Un hombre que hoy nos recordó de la manera más triste querer a los que tenemos cerca, y decirlo en voz alta; que nos recordó lo importante que es el simple hecho de vivir, de sentir latir nuestro corazón; de apreciar lo que tenemos porque no sabemos en qué momento lo vamos a perder. Independientemente de las circunstancias que hayan rodeado su deceso, hoy perdimos a un buen hombre.
Que En Paz Descanse, Don Robert.